PERSONAJES:
ENCARGADA
VECINA 1ª
VECINA 2ª
INVÁLIDO
JENARO
JUAN
INDALECIA
CHICOS
UNA NENA
PERIODISTA
FOTÓGRAFO
VECINO
COMISARIO
ENCARGADA
VECINA 1ª
VECINA 2ª
INVÁLIDO
JENARO
JUAN
INDALECIA
CHICOS
UNA NENA
PERIODISTA
FOTÓGRAFO
VECINO
COMISARIO
ACTO ÚNICO
ESCENA I
Encargada, Vecinas 1ª y 2ª, Indalecia y Juan
ENCARGADA. - (Saliendo
de una de las habitaciones.) Ya sabe, ¿eh? Bueno, que no se le orvide.
Estoy cansada de esperar que hoy e que mañana e que de aquí a un rato...
VECINA 1ª. - ¿Qué le hemos de hacer? ¡Cuando no se
puede, no se puede!
ENCARGADA. - Antonce no se arquila los cuartos, ¿sabe?
¿Se ha pensao que estamo en una república, aquí?... L'arquiler es lo primero.
VECINA 1ª. - ¡Bueno, bueno!... ¡Basta! ¡No precisa
hablar tanto!
ENCARGADA. - Eso digo yo. Non precisa hablar tanto. A
la fin de mes se paga e nos quedamos todos callao la boca... (Alejándose.) Sí, señor. E non precisa
tanto orgullo... Se quieren vivir de arriba, se compra el palacio del congreso,
¿sabe? ¡en la calle Entre Ríos!... (Tropieza
con un mueble.) ¡Ay!... ¡Dío!...
VECINA 1ª. - (Aparte.)
¡No haberte roto algo!...
ENCARGADA. - ¡Ay!... ¡Madona Santísima!... ¡Uiii!... (Golpea el mueble con rabia, volviéndose a
INDALECIA.) ¿Y osté también se ha pensao tener todo el año esto
cachivache ner patio?... Non tiene vergüenza...
INDALECIA. - ¡Pero, señora...! Si yo...
ENCARGADA. - ¡Un corno! Se le hubiesen tirao esta
porquería de muebla a la calle, non estaría tanto tiempo sen buscar pieza.
Parece mentira. (Quejándose.) ¡Ay,
ay, ay!...
VECINA 2ª. - (Aproximándose.)
¿Se lastimó mucho, señora?...
ENCARGADA. - ¡Qué sé yo!... Un gorpe tremendo.
VECINA 2ª. - ¡A ver! Esos golpes saben ser malos...
VECINA 1ª. - (Burlona.)
¡Ah!... Se le puede formar un cáncer... Llamen a la Asistencia...
ENCARGADA. - Mire, mire, doña Francisca. Venga. (Se oculta detrás de los muebles para
enseñarle la pierna lastimada. Dos inquilinos que salen rumbo a la calle, se
detienen a mirar.)
VECINA 2ª. - ¡Ay, qué temeridad!...
ENCARGADA. - Ner mismo güeso... Ve (Viendo a los vecinos.) ¿Y ustedes qué
quieren? ¿No tienen nada más que hacer?...
VECINA 2ª. - ¡Ave María! ¡Tanta curiosidad!... (Los dos vecinos se alejan riendo.)
VECINA 1ª. - (Deteniéndolos.)
Diga, Juan, ¿no sabe si dan baile este sábado los “Adulones del Sur”?
JUAN. - Creo que sí. (Mutis de ambos.)
VECINA 2ª. - Lo que es usted no faltará.
VECINA 1ª. - No estoy invitada. La fiesta es pa
ustedes los socios, no más... ¡ja, ja!... (Mutis.)
VECINA 2ª. - ¡Dispará no más, comadre!...
ENCARGADA. - ¡Déquela!... Non vale la pena...
VECINA 2ª. - Tiene razón. Venga a mi cuarto. Le daré
una frotación de aguardiente... Venga... También, la verdad es que ni se puede
caminar en este patio.
ENCARGADA. - Naturalmente. Con toda esta porquería de
cachivache adentro...
VECINA 2ª. - Un día, pase; dos, también; pero más, ¡es
demasiada pachorra!...
INDALECIA. - (Tristemente.)
¡Ay, señora; ruéguele a Dios que no se vea en nuestro caso!
VECINA 2ª. - ¡Pierda cuidado!... Mientras Él me dé
salú para trabajar, puedo estar tranquila. No ha de ser esta persona quien se
quede de brazos cruzados esperando que las cosas caigan del cielo.
ENCARGADA. - Eso, eso digo yo. Mire, doña Indalecia;
crea que no lo hago de gusto, porque el buen corazón lo tengo, ¿sabe? Ma non se
puede estar estorbando a la quente todo el tiempo...
INDALECIA. - ¿Qué debo hacer?... ¿Quieren que me tire
al río con todos mis hijos?
VECINA 2ª. - No decimos tanto. Pero... moverse,
caminar, buscar trabajo... En este Buenos Aires no falta en qué ganarse la
vida.
INDALECIA. - ¡Pero señor! Si no he hecho otra cosa que
buscar ocupación. Ustedes bien lo saben. Costuras no le dan en el registro a
una mujer vieja como yo. Ir a la fábrica no puedo, ni conchavarme, pues tengo
que cuidar a mis hijos...
ENCARGADA. - Ma dícame un poco, ¿qué le precisa tener
tanto hijos?... Si no hay con qué mantenerlos, se agarran y se dan.
VECINA 2ª. - ¿Y los asilos?
VECINA 1ª. - ¡Oh!... ¡Eso es muy fácil decirlo!...
¡Pobrecitos!...
ENCARGADA. - Pobrecito, pobrecito, e mientras tanto
muerto de hambre como los gatos, robando la comida en casa de lo vecino...
ESCENA II
GENARO. - (Que
ha aparecido momentos antes con un paquete en la mano.) ...Y hacen bien,
cuando los vecinos son tan agarrados. ¡Mándesén mudar de aquí!... ¡No tienen
vergüenza!... ¡Estar embromando a la pobre mujer!... ¡Bruta gente!...
VECINA 2ª. - ¡El terremoto de la Calabria!... Vámonos,
señora.
ENCARGADA. - (A
GENARO.) Me diga un poco, ¿qué se ha pensao osté? Me diga.
GENARO. - (Rezongando, sin hacerle caso.) ¡Bruta
gente! ¡Bruta gente!... (A INDALECIA.)
No te aflija. ¿No vino ninguno?...
INDALECIA. - Nadie.
GENARO. - (Se
encamina hacia su cuarto, segundo izquierda.)
ENCARGADA. - (Deteniéndolo.)
¡Eh!... Me diga un poco, ¿qué se ha pensao?...
GENARO. - ¿Parlate a me?...
ENCARGADA. - (Alterada.)
¡A lei, sí; a lei, a lei! Sí...
GENARO. - (La
mira fijo un instante y le hace la mueca característica de los napolitanos. Se
va a su cuarto dando un portazo al entrar.)
ENCARGADA. - (Furibunda.)
Furbo... ¡Mazcalzone!
VECINA 2ª. - Está borracho el botellero. No le haga
caso. Venga.
ENCARGADA. - ¡Canaglia!
VECINA 2ª. - Venga a curarse esa pierna. Déjelo.
ENCARGADA. - ¡Mazcalzone! (Volviéndose a INDALECIA.) Usté también, ¿qué está compadriando
así?... Mañana mismo le hago tirar eso cachivache a la calle... ¡Tanto
embromar, también!... (Se va rezongando
conducida por la VECINA 2ª.)
ESCENA III
INDALECIA. - (Deja
la costura y se aproxima a la cuna.) Vamos, nena. ¡Arriba!... ¡No se va a
pasar durmiendo todo el día!... ¿No?... Entonces u... upa!... (La levanta.) ¿Quiere pancito?... (Saca un mendrugo del bolsillo y se lo da.)
Esta noche traerán centavos, bastante plata, y vamos a comer mucho, ¡mucho!...
¿Tiene hambrecita?...
GENARO. - (Reapareciendo
con un grueso pan y una navaja en las manos, se acerca a INDALECIA y corta una
porción.) Toma... ¡Mangia!...
INDALECIA. - ¡Oh!... ¡Para qué se ha incomodado!...
GENARO. - ¡Mangia, te digo!... (Saca un bollo de bolsillo y se lo da a la nena.) Mangia vos. ¿Dove
sono i ragazzi?
INDALECIA. - No sé. En la calle tal vez...
GENARO. - (Se
aproxima a la puerta del foro y llama a voces.) ¡Eh!... ¡Tú!... Vieni.
Angue, tú!... (Aparecen tres chicos.
GENARO da un trozo de pan a cada uno.) Toma... ¡Mangia... tú, mangia!...
¡Mangia!... (Los muchachos reciben el pan
con alborozo y se ponen a comer.)
INDALECIA. - ¡Mal agradecidos!... ¿Cómo se dice?...
UNO DE LOS CHICOS. - (A boca llena.) ¡Muchas gracias!...
GENARO. - (Indicándoles
la puerta.) ¡Vía! (A INDALECIA.)
No hacen falta cumplimientos. ¡Hay hambre, se mangia y se acabó!... (Los chicos hacen mutis. GENARO se sienta en
cualquier parte, saca salame del bolsillo y se pone a comer. Pausa.) Estuve
en el hospital. Le han hecho la operación a tu marido...
INDALECIA. - ¿Cómo?... ¿Otra?...
GENARO. - Naturalmente. (Alzándose.) Toma. Mangia un po de salame.
INDALECIA. - ¡Oh!... ¡Me lo van a matar!... (Toma el salame y se lo pasa a la nena.)
GENARO. - (Volviendo
a sentarse.) Sería mecor, si ha de quedar paralítico.
INDALECIA. - ¡Pobre Daniel!... ¿Habló con él?...
GENARO. - No lo decan ver. No hace falta tampoco... (Pausa.) ¿Qué decía la encargada?
INDALECIA. - ¡Oh!... Lo de siempre. Rezongar...
Insultarme...
GENARO. - ¡Bruta gente!...
INDALECIA. - ¡Son tan malos!... Vea: a ella le
disculpo, porque, al fin y al cabo, es patrona; pero a las otras, a las demás
vecinas... ¡Gente desalmada!... ¡Si fueran más felices o mejores que una, no
diría nada, ¡qué diablos! Tendrían derecho. Pero no. Son pobres como yo, tienen
hijos como yo, y maridos que trabajan expuestos a que los destroce una máquina
o caerse de un andamio, y en vez de pensar un poco que podrían verse en mi caso
mañana o pasado, se ponen a la par de la otra para mortificarme. Y todo por
adularla, ¡nada más! ¿Usted cree que ha habido uno solo en esta casa capaz de
ofrecerme un poco de caldo para la nena? No, señor; prefieren tirar las sobras
por el caño...
GENARO. - ¡Bruta gente!
INDALECIA. - ¡Es lo que más me desconsuela!... (Afligida.) Me dan tantas ganas de
llorar... Ver que una no es nadie... Que de repente se queda sola en el mundo,
aislada... abandonada de todos... peor que un perro... (Llora.)
GENARO. - ¡Ma no!... ¡Ma no!... ¿Qué se gana con
afliquirse?... ¡Cállase la boca!... ¡Bruta gente!... Decate de llorar,
¿sabe?... (Se oye un tumulto y gritos
afuera.) ¡Viejo loco!... ¡Viejo borracho!... ¡Viejo loco!... (Aparece un grupo de pilluelos, entre ellos
los hijos de INDALECIA, acosando a un viejo soldado, inválido de la guerra del
Paraguay.)
ESCENA IV
INVÁLIDO. - (Persiguiendo
a los muchachos con el bastón enarbolado.) ¡Mal enseñados!... ¡Con eso van
a hacer patria!...
INDALECIA. - ¡Tata!...
GENARO. - (A los
chicos.) ¡Vía!... ¡Caramba, caramba!... ¡Fuori!... ¡Sinvergüenza!... (Los corre.)
INVÁLIDO. - ¡Muchas gracias, don!... ¡Parece
mentira!...
GENARO. - Son cosas de ragazzi...
INVÁLIDO. - No ve, hombre, a qué extremo hemos
llegado. Los gringos tienen que defender a los servidores de la patria. Vea,
amigo; aquí ande usté me ve, ¿sabe?, yo soy el cabo Morante, y pregúntele a
cualquiera de los que estuvieron en la guerra, si llevo al cuete esta cintita y
esta otra...
GENARO. - ¡Eh, bueno! ¡Qué le vamo a hacer!
INVÁLIDO. - ¿Cómo qué le vamos a hacer? ¡Que lo
respeten, canejo! (A INDALECIA.)
¿Cómo te va diendo, m'hija?...
INDALECIA. - Aquí estamos... Y usté, ¿qué hace por
acá?...
INVÁLIDO. - A verte, pues... Y así no más me
recibís... ¿No digo?... Hasta los hijos son unos ingratos...
GENARO. - ¿Ese es su padre?...
INVÁLIDO. - ¿Y cómo le va?... Y legítimo, ¿sabes, che,
gringo?... Lo que hay es que ya no me va reconociendo...
INDALECIA. - ¿Y cómo ha venido a dar conmigo?...
INVÁLIDO. - Por tu desgracia... Esta mañana en el
boliche del tuerto Ramos, allá en Palermo, ¿sabes?... y oí que un mocito leía
en el diario que te habían desalojao y que levantaban una subscripción pa
vos... ¡Pucha, digo, si es m'hija!... ¡Pobre mujer!... ¿Adónde vive?... Calle
tal... me dijo el mozo. ¡Vamos a ver a mi Indalecia en la missiadura! Y agarré
p'acá... Si en algo puedo servirte, ¿sabes?, aunque manco, no me olvido que sos
m'hija...
INDALECIA. -Podías haberte acordado antes...
INVÁLIDO. - ¡Qué querés!... Te retobaste; te empeñaste
en juir con ese zonzo de tu marido...
INDALECIA. - Bueno; no hablemos de él, ¿eh?...
INVÁLIDO. - No hablemos, si querés. Pero yo te dije
que ibas a ser desgraciada con él, y ya ves cómo salió cierto. ¿Se cayó de un
andamio, no?...
INDALECIA. - Sí, señor.
INVÁLIDO. - No ve, pues... ¡Cuando yo te lo decía!...
¿Esa nena es tuya?... Venga p'acá, mocita, con su agüelo... (La chica, asustada, se recuesta a la madre.)
No, ve, pues... Pucha cómo está el país, amigo gringo... Los nietos no las van
con los agüelos... Ya no se respeta la familia ni nada... En nuestro tiempo,
había e ver... Y esos otros mocosos, ¿son tuyos también?... Con que ustedes
eran los que venían insultando a su agüelo, ¿eh? ¡Ahora van a ver, mocosos!...
(Va hacia ellos.)
INDALECIA. - ¡Tata!...
GENARO. - (Deteniéndolo.)
¡A ver!... Décate de embromar
INVÁLIDO. - ¡Oh!... ¿Y a vos quién te da vela?... Che,
Indalecia, ¿este es otro yerno?... Amigo; podía pagarle el cuarto, cuando
menos...
GENARO. - ¡Décase de embromar! (Se va a su cuarto.) ¡Bruta gente! ¡Bruta gente!
INVÁLIDO. - Miralo al gringo... Hinchao como un
zorrino... (A voces.) ¡Ché,
Musolino!...
INDALECIA. - Déjelo, tata. Si ha venido para fastidiar
a la gente, podía haberse quedado...
INVÁLIDO. - Bueno, me viá sentar, ya que no invitas...
(Se sienta. Pausa.) ¿Te trajieron la
plata e la suscrición ya?
INDALECIA. - No, señor.
INVÁLIDO. - Ya sabés: no te puedo ayudar con nada,
porque ando muy misio y vivo en el cuartel del 5º; pero si querés, te puedo
buscar la pieza pa mudarte. Hoy he visto una en la calle Soler...
INDALECIA. - No se incomode...
INVÁLIDO. - ¿Y qué pensás hacer?...
INDALECIA. - No sé. ¡Nada!...
INVÁLIDO. - Esperate un poco. Hay un asilo de
güérfanos militares ¿sabés?... Allí... ¡pucha madre!... Si yo no estuviera tan
desacreditao con el coronel... le podía pedir una recomendación. (Sale la ENCARGADA.)
INDALECIA. - ¿Para qué?
INVÁLIDO. - Pa que metás toda esa colmena de
muchachos... ¿Qué vas a hacer con ellos?...
ESCENA V
ENCARGADA. - Eso es lo que digo yo. Que lo meta nel
asilo... No sirve más que pa trabaco...
INVÁLIDO. - Salú, doña...
INDALECIA. - No, señor; no me separo de mis hijos. Si
ustedes no tienen corazón, yo lo tengo, y bien puesto...
ENCARGADA. - Ma diga un poco. No es peor que se mueran
de hambre de no tener qué comer...
INVÁLIDO. - Ha dicho la verdá. Choque esos cinco. (A INDALECIA.) ¿Quién es esta, che?...
ENCARGADA. - Sono la encargada de la casa...
INVÁLIDO. - ¡Che, che, che!... ¿Y vos la pusiste de
patitas en la calle, no?...
ENCARGADA. - Eh... Naturalmente, si no pagaba
l'arquiler...
INVÁLIDO. - ¿Y todavía te metés a dar consejos?... ¡Ya
podés ir tocando de acá, gringa!
ENCARGADA. - ¿E osté qué se ha pensao? Yo soy la dueña
acá, ¿sabe?...
INVÁLIDO. - ¡Qué vas a ser dueña, desgraciada!
ENCARGADA. - Bueno; déquese de embromar... (A INDALECIA.) ¿E osté sa creído que esto
e una sala per recibir la visitas?... Haga el favor da sacar de aquí a ese
vieco borracho...
INVÁLIDO. - ¡Tú madre, gringa el diablo!...
ESCENA VI
GENARO. - ¡Madona del Carmen! ¡Dequen en paz esa pobre
muquer!... (Enérgico, tomando por un
brazo a la ENCARGADA.) ¡Haga el favor, mándese a mudar de aquí!... ¡Ya!...
¡Ya!... ¡Váyase, porque te rompo la facha!... ¡Caramba!...
ENCARGADA. - (Volviéndose furiosa.) ...¡Dío Santo!... ¡Porco!...
¡Canaglia!
GENARO. - (La
empuja con violencia.) ¡Fuori!... (Volviéndose
al INVÁLIDO.) ¡Usted también; mándese mudar!... ¡Hombre bruto! ¡Gente
bruta!...
INVÁLIDO. - ¡No me toqués!... ¡No te me acerqués,
gringo!... Porque te... (Tumulto. Salen
vecinos. La ENCARGADA vocifera.)
INDALECIA. - Sosiéguese, don Genaro...
GENARO. - (Amagándole
un sopapo a la ENCARGADA.) ¡Bruta gente!...
INVÁLIDO. - Ladiate, Indalecia, que entuavía puedo con
un gringo...
ESCENA VII
(Aparecen el
COMISARIO y el PERIODISTA, seguidos de un grupo de chicos.)
COMISARIO. - ¿Qué desorden es este?... A ver...
Sosieguense...
ENCARGADA. - Vea, señor Comisario... Esta canaglia de
un botegliero, me ha pegao una trompada tremenda...
INVÁLIDO. - (Cuadrándose.)
¡A la orden, mi jefe!...
GENARO. - (Yéndose
a la pieza.) ¡Bruta gente, per Dío!...
ENCARGADA. - No lo deque dir, señor comisario, me ha
pegao, me ha pegao, ¡é un senvercuenza!...
COMISARIO. - (A
GENARO.) ¡A ver, deténgase!... ¿Qué ha pasado?...
ENCARGADA. - Mire, señor comisario, llévelo preso.
COMISARIO. - Cállese la boca.
INVÁLIDO. - Yo soy testigo, mi comisario. No ha pasao
nada, mi comisario... Todo ha sido de boca, no más. ¿Basta la palabra?
COMISARIO. - Bajá la mano no más. A ver... Despejen
ustedes un poco...
ENCARGADA. - No, señor comisario...
COMISARIO. - ¡Despeje, le he dicho!...
ENCARGADA. - (Se
va refunfuñando y antes de desaparecer mira con odio a GENARO y besa la cruz,
jurándole venganza.)
COMISARIO. - (A
INDALECIA, que está rodeada de sus hijos.) ¿Quién es la dueña de estos
muebles?...
INVÁLIDO. - (Indicando a INDALECIA.) Es una
servidora... Mi hija...
COMISARIO. - Bien, señora. Yo soy el comisario de la
sección, y el señor es un repórter de «La Nación». Hemos sabido que usted se
encontraba en esa situación y...
PERIODISTA. - Nuestro diario ha sido el primero en dar
la noticia...
INVÁLIDO. - Me costa. ¿No te dije, m'hija, que lo
había leído?...
PERIODISTA. - Usted ya sabrá que iniciamos una
suscripción en su favor. Vengo a traer lo que se ha recibido hasta hoy. No es
mucha cosa, pero le permitirá alquilar una pieza y atender las primeras
necesidades...
INVÁLIDO. - Da las gracias, pues, mujer...
PERIODISTA. - Aquí tiene estos sesenta pesos y la
lista de las personas que han mandado al diario... Sírvase.
INDALECIA. - (Se
echa a llorar estrechando a la nena. Pausa. Emoción. GENARO se seca los ojos
con la manga.)
PERIODISTA. - No se aflija, señora. Ya ve usted... Las
cosas se remedian. Cálmese. Tome su dinerito...
INVÁLIDO. - ¿Sabe que está lindo esto? Cuando te train
la salvación te ponés a llorar. Lo hubieses hecho antes. (Toma el dinero y se lo ofrece.) ¡Agarrá y da las gracias, pues!...
LA NENA. - ¡Mamita!... ¡Mamita!...
INDALECIA. - (Serenándose.)
Está bien... Muchas gracias... No llore, mi nena... No llore... ¿Ve?... Mamita
ya no llora tampoco... A ver... Séquese esos ojitos. (Le limpia la cara y le suena los mocos con el delantal.) Sea
buenita... ¡Esos hombres son muy buenos! ¡Muchas gracias, señores, muchas
gracias!...
PERIODISTA. - El comisario por su parte ha hecho
algunas diligencias en su favor... Él le dirá...
COMISARIO. - Es cierto. He conseguido colocarle a sus
hijos... ¿Son estos?... ¿Este es el mayor?... Bueno, a éste lo mandaremos a la
Correccional de menores...
GENARO. - ¿Cómo dice, señor comisario?...
COMISARIO. - (Prosiguiendo
sin contestarle.) Allí aprenderá un oficio y se hará un hombre útil... Para
los demás he conseguido que el asilo...
INDALECIA. - ¿Cómo?... ¿Mis hijos?...
COMISARIO. - Sí, señora. Ya está todo dispuesto. La
Sociedad de Beneficencia los tomará a su cargo.
INDALECIA. - ¡Mis hijos!... ¡No!... ¡No!... ¡No me
separo de ellos!... ¡No, señor! ¡De ninguna manera, pobrecitos!... ¡Son míos,
son muy buenos!...
COMISARIO. - Señora, comprenda usted que en su caso...
INDALECIA. - ¡Mis hijitos! ¡Qué esperanza!... ¡No! ¡Ni
lo sueñen!...
GENARO. - Natural. Y tiene razón...
COMISARIO. - Retírese usted. ¡Nadie tiene que ver
aquí!
GENARO. - No tengo que ver, pero digo la verdad,
¿sabe?...
COMISARIO. - ¡Que despeje, le he dicho!...
GENARO. - ¡Eh, bueno!... Está bien. Ma es una
incustisia... ¡Bruta quente!...
PERIODISTA. - Tiene que resignarse, señora. Es natural
que le duela separarse de ellos, pero preferible es que se los mantenga la
Sociedad a que mañana tengan que andar rodando por ahí...
INDALECIA. - Tendrá mucha razón, señor. Pero yo no
puedo separarme de ellos...
INVÁLIDO. - ¡Pero ha visto qué rica cosa!... Es la
primera vez que la patria se ocupa de proteger a este viejo servidor,
manteniéndole a los nietos, y vos te oponés. No seas mal agradecida, mujer...
Mire, amigo, este brazo lo perdí en Estero Bellaco, y aquí en esta pierna tengo
otra bala más, ¿sabe? Bueno, y ya ve lo que he ganao... Que mis hijos y mis
nietos se vean en este estao. ¿Ahora se acuerdan? Está bien. Hay que agarrar no
más... Vale más tarde que nunca, ¿no le parece?...
COMISARIO. - Es natural. Bien señora: tiene usted que
resolverse y...
INDALECIA. - No, señor... Estoy bien resuelta. No me
separo de mis pobres hijos... No puedo, no puedo... Nunca podría...
INVÁLIDO. - ¡Pucha, mujer zonza! No parece hija mía...
COMISARIO. - ¿Prefiere usted verlos morirse de
hambre o convertidos en unos perdularios?
INDALECIA. - ¡No! ¡No!... Ya me han ayudado a tomar
pieza. Ahora, demen trabajo sí quieren; demen trabajo, que a mí no me faltan
fuerzas, y yo me encargaré de mantenerlos y de educarlos...
GENARO. - Eso, sí está bien dicho...
COMISARIO. - Le he dicho que no se meta usted.
INDALECIA. - Y después, no son míos solamente. ¿Qué
cuenta le voy a dar al pobre padre, que tanto los quiere, que se ha desvivido
por ellos; qué cuenta le voy a dar cuando salga del hospital?... ¡No! ¡No!...
¡No es posible!... ¡Mis hijitos!...
COMISARIO. - ¡Oh!... A ese respecto debe estar
tranquila. Su marido está muy mal y difícilmente saldrá del hospital. En todo
caso, quedará paralítico...
GENARO. - ¡Oh, bruta quente!...
INDALECIA. - (Se
echa a llorar.)
ESCENA VIII
EL FOTÓGRAFO de «Caras y Caretas». - (Al periodista.) Hola, amigo.
PERIODISTA. - ¿Cómo le va? ¿Viene a sacar una nota?...
FOTÓGRAFO. - Precisamente. Una linda nota, por lo que
veo... ¿Esta es la víctima?...
PERIODISTA. - ¿Usted conoce al señor? (Presentándolo.) El comisario de la
sección... Un repórter de «Caras y Caretas». (Saludos.)
FOTÓGRAFO. - Llego en un lindo momento. (Al mensajero que lleva los aparatos.) A
ver... sacá pronto eso... (Al COMISARIO.)
¡Qué cuadros! ¿no?...
COMISARIO. - Esos se ven a cada rato... Es una cosa
bárbara la miseria que hay... (El
FOTÓGRAFO rodeado de pilluelos y vecinos, acomoda la máquina sobre el trípode
buscando la luz conveniente.)
FOTÓGRAFO. - Aquí queda bien. Así... (Los vecinos toman colocación frente al foco,
tratando de salir en la vista.) Le tomaremos uno así llorando. Es un
momento espléndido... (Enfoca.)
Ustedes tendrán la bondad de retirarse... Más... Más lejos. (Al INVÁLIDO.) Usted también, retírese...
INVÁLIDO. - Yo soy el padre de ella, pues; ¿por qué
vía salir?...
FOTÓGRAFO. - Está bien, disculpe... (Cuando se vuelve, todos se acomodan de
nuevo.) He dicho que se retiren...
COMISARIO. - A ver... ¡Despejen!...
FOTÓGRAFO. - Ya les ha de llegar su turno. Pierdan
cuidado... Bien... No se muevan... Un momento... Ya estuvo...
INVÁLIDO. - ¿He salido bien yo?...
FOTÓGRAFO. - ¡Macanudo!... (Al COMISARIO.) Ahora podrían ponerse ustedes. Y si la señora
quisiera levantar la cabeza... (A
INDALECIA.) ¡Señora!... ¡Señora!...
GENARO. - Métanme preso y hagan lo que quieran... Ma
esto es una barbaridá... Mándase mudar... ¡Per Dío!... ¡Qué bruta quente!...
Deque tranquila esa pobre muquer... ¡Caramba!... ¡Caramba!...
PERIODISTA. - (Al
COMISARIO, que quiere intervenir.) La verdad es que no le falta razón...
Sería mejor...
FOTÓGRAFO. - Por mí... La nota importante ya la
tengo... (Se pone a empaquetar su
aparato.)
INVÁLIDO. - Pero han visto este gringo, ¿qué se ha
creído de la familia también?... ¡No faltaba más, hombre!...
COMISARIO. - (A
INDALECIA.) Bueno, señora, no se aflija más y resuélvase.
INVÁLIDO. -Déjela. Sí ya está resuelta.
INDALECIA. - ¡Mis pobres hijitos!... ¡No es
posible!... ¡No puedo, me moriría!...
PERIODISTA. - Piense que es un egoísmo suyo. Por el
momento, podrá mantenerlos si trabaja; pero puede ocurrirle que mañana no tenga
que darles de comer... Enfermarse... morirse... ¿Qué va a ser de ellos?...
Usted no pierde, dándolos al asilo... Los podría ver a menudo... Allí se
formarán, aprenderán un oficio...
COMISARIO. - Y mañana serán hombres útiles para usted
y para todos...
INVÁLIDO. - ¡Claro está!... ¿Preferís verlos en la
cárcel por bandidos?...
INDALECIA. - Bueno... Sí... Hagan de mí lo que
quieran... ¡Sí!... ¡Sí!... ¡Pobres hijitos míos!...
COMISARIO. - Eso es entrar en razón... Bueno. Con ese
dinero alquílese una pieza y mañana véngase por la comisaría con los chicos,
que iremos a colocarlos, ¿eh?
PERIODISTA. - ¿Nos vamos?... Bien... Adiós, señora.
Tranquilícese usted... Sea razonable...
INVÁLIDO. - Da las gracias, pues, y saludá...
PERIODISTA. - Déjela... Le mandaremos por el comisario
la plata que se reciba... (Al FOTÓGRAFO.)
¿Salimos?...
FOTÓGRAFO. - Sí, ¿cómo no?... Buenas tardes, señores.
COMISARIO. - (A
GENARO.) Y a ver vos si te dejás de andar zonciando... (GENARO le vuelve la espalda.)
INVÁLIDO. - (Al
COMISARIO.) Diga, mi jefe... Habrá unos níqueles pal milico viejo...
COMISARIO. - ¿Para mamarte, no?...
INVÁLIDO. - ¿Qué quiere, pues? Es lo único que me ha
dao la patria... Un vicio...
COMISARIO. - (Riéndose.)
Tenés razón. Tomá... (Mutis. Los muchachos
y vecinos salen también detrás.)
INVÁLIDO. - (Volviéndose
a INDALECIA.) ¡Che, mi hija!... Hoy no he morfao nada, ¿sabés?... Refílame
un nalcito de esos que te dieron...
INDALECIA. - Tome... Tómelos todos... Yo para qué los
quiero ahora... (Se abraza sollozando a sus hijos.)
Telón
FLORENCIO SÁNCHEZ