Dichoso el árbol, que es apenas
sensitivo,
y más la piedra dura porque esa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror...
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por
lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!...
Era un aire suave de pausados giros; el hada Armonía, ritmaba sus vuelos, e iban frases vagas y tenues suspiros entre los sollozos y los violoncelos.
Sobre la terraza, junto a los ramajes, diríase un trémolo de liras eolias cuando acariciaban los sedosos trajes sobre el talle erguidas, las blancas magnolias.
La marquesa Eulalia, risas y desvíos daba a un tiempo mismo para dos rivales: el vizconde rubio de los desafíos y el abate joven de los madrigales.
Cerca, coronado con hojas de viña, reía en su máscara Término barbudo, y como un efebo que fuese una niña, mostraba una Diana su mármol desnudo.
Y bajo un boscaje del amor palestra, sobre rico zócalo al modo de Jonia, con un candelabro prendido en la diestra volaba el Mercurio de Juan de Bolonia.
La orquesta perlaba sus mágicas notas; un coro de sones alados se oía; galantes pavanas, fugaces gavotas, cantaban los dulces violines de Hungría.
Al oír las quejas de sus caballeros ríe, ríe, ríe la divina Eulalia, pues son su tesoro las flechas de Eros, el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia.
¡Ay de quien sus mieles y frases recoja! ¡Ay de quien del canto de su amor se fíe! Con sus ojos lindos y su boca roja, la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.
Tiene azules ojos, es maligna y bella; cuando mira, vierte viva luz extraña; se asoma a sus húmedas pupilas de estrella el alma del rubio cristal de Champaña.
Es noche de fiesta y el baile de trajes ostenta su gloria de triunfos mundanos. La divina Eulalia, vestida de encaje, una flor destroza con sus blancas manos.
El teclado armónico de su risa fina a la alegre música de un pájaro iguala, con los staccati de una bailarina y las locas fugas de una colegiala.
¡Amoroso pájaro que trinos exhala bajo el ala a veces ocultando el pico, que desdenes rudos lanza bajo el ala, bajo el ala aleve del leve abanico!
Cuando a media noche sus notas arranque y en arpegios áureos gima Filomela, y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque, como blanca góndola imprima su estela,
la marquesa alegre llegará al boscaje, boscaje que cubre la amable glorieta donde han de estrecharla los brazos de un paje, que siendo su paje será su poeta.
Al compás de un canto de artista de Italia que en la brisa errante la orquesta deslíe, junto a los rivales, la divina Eulalia, la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe.
¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia, sol con corte de astros en campos de azur, cuando los alcázares llenó de fragancia la regia y pomposa rosa Pompadour?
¿Fue cuando la bella su falda cogía con dedos de ninfa, bailando el minué, y de los compases el ritmo seguía sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie?
¿O cuando pastoras de floridos valles ornaban con cintas sus albos corderos, y oían, divinas Tirsis de Versalles, las declaraciones de sus caballeros?
¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores, de amantes princesas y tiernos galanes, cuando entre sonrisas y perlas y flores iban las casacas de los chambelanes?
¿Fue acaso en el norte o en el mediodía? Yo el tiempo y el día y el país ignoro; pero sé que Eulalia ríe todavía ¡y es cruel y eterna su risa de oro!
El Modernismo fue un movimiento que
nació en América y que posteriormente se extendió a España. Tuvo un carácter autóctono,
original, es decir, propio de América aunque haya recibido la influencia de los
movimientos post-románticos franceses, Parnasianismo y Simbolismo, donde
corresponde buscar las fuentes de este movimiento. Del primero, recibía el Modernismo
el anhelo de perfección y el propósito de renovación de la expresión. La poesía
gana en agilidad y riqueza rítmica: nuevos metros, nuevas combinaciones de palabras
y ritmos. Del Simbolismo, el Modernismo toma la búsqueda de lo musical. Es
decir, que siendo la poesía también sonido, se debería hacer valer expresivamente
la música, el sonido que encierra el poema. El Modernismo
implicó una
renovación en la expresión literaria de habla española, innovando en los
aspectos métricos y fónicos. Se caracterizó por dos actitudes
contrarias que asumieron los poetas: • Una definida como torremarfilismo y
que estuvo caracterizada por una actitud de evasión, de preocupación artística
pura ante el sentimiento de la falta de comprensión de la sociedad. Esto llevó
a la práctica de una poesía hermética, es decir, compleja, en la que el artista
se complacía en la búsqueda de objetos y ambientes exóticos. • Otra definida como de compromiso.
Este, en cambio, obedecía a la preocupación por América y el destino de sus
pueblos. Tal es el caso del cubano José Martí, en quien la poesía va indisolublemente
unida a su actitud política e ideológica. Tanto el
torremarfilismo como el compromiso conllevan el rechazo a la realidad de la
época.
Características
del Modernismo: 1)Intenta liberar el idioma a través de
innovaciones métricas (usando todos los metros, desde el monosílabo hasta el
verso de diecisiete sílabas), el uso de posibles combinaciones de acentuación
en los versos, el uso de neologismos, latinismos, arcaísmos, el uso de
onomatopeyas y aliteraciones, sinestesias, juegos de palabras, etc. 2)Desdén por la chatura del ambiente burgués y
consecuente escape temático hacia lo aristocrático (frecuente evocación de la
Francia de Luis XV). 3)Sensorialismo:
el mundo se despliega colorido, sonoro, y se plasma en imágenes nuevas,
metáforas o sinestesias que intentan apresar las correspondencias existentes en
todo lo real. 4)Posibilidad de
vivir lo que se escribe, debido a cambios sociales y económicos, una cierta
estabilidad y una mayor densidad de cultura en América, implicaron un mayor
consumo de obras literarias. Este factor permitió al escritor concentrarse en
su tarea y en tareas afines, perfeccionando su oficio. 5)Uso de
símbolos elegantes (Por ejemplo: el cisne como símbolo de belleza). 6)Renovación
formal tanto en la prosa como en la lírica. Rubén Darío es, en lo que a lírica
respecta, el gran renovador modernista. 7)Manifestación
reiterada del exotismo. 8)Búsqueda de lo
trascendente, de lo que se oculta tras las apariencias.
Períodos del Modernismo:
·Primer período (1882-1896) Es la llamada “Primera Generación Modernista” o
“Precursores del Modernismo”. La fecha inicial corresponde a la publicación del
“Ismaelillo” de Martí. Los autores más importantes de este período son:
José Martí, (Cuba), Manuel Gutiérrez Nájera (México), Julián del Casal (Cuba) y
José Asunción Silva (Colombia). Los integrantes de esta generación intentan,
bajo el influjo europeo, formas y temas nuevos.
·Segundo período (1896-1905) Señala el momento pleno del Modernismo. La fecha inicial
corresponde a la aparición de “Prosas Profanas” de Rubén Darío. Junto a
Darío, y como más próximos, cabe citar los nombres de Leopoldo Lugones
(Argentina) y Julio Herrera y Reissig (Uruguay). En otro plano, los de Ricardo
Jaimes Freyre (Bolivia) y Amado Nervo (México). En este período se destaca el
uso de temas nuevos, formas nuevas, modificaciones en la versificación,
hallazgos musicales, refinamiento en las sensaciones, etc.
·Tercer período (1905-1914) Es la superación del Modernismo. La fecha inicial
corresponde al año en que aparece “Cantos de Vida y Esperanza” de Rubén
Darío. Es el propio Darío quien tiende hacia una poesía menos refinada pero más
profunda. Hay que destacar dos autores representativos de este período:
Guillermo Valencia (Colombia) y Magallanes Moure (Chile).