La Generación del 900 surge en un contexto histórico-social
que se caracteriza por el ascenso de la clase media y por el liberalismo
político. Es la época en que nace el batllismo, en torno a la figura de José
Batlle y Ordoñez, que pone en marcha el movimiento estatista o capitalismo de Estado,
haciendo de este último el dueño de las principales empresas del país, que
pasan a ser públicas. Es una época de modernización y bienestar económico.
La
actuación literaria de la llamada Generación del 900 es intensa y transformadora,
pero se ejerce sobre un espacio de pocos años: los comprendidos entre 1895 a 1925.
No
hubo un jefe de fila ni un cabeza de grupo generacional: Rodó se comportó siempre
como hermano mayor, en las relaciones con sus coetáneos. Hubo quienes juntaron
adictos a su alrededor o en torno de las revistas que dirigían, como Rodó,
Herrera y Reissig y, en los años juveniles de su vida, Quiroga. Hubo figuras
literarias de segunda línea que, en los años de furor dandysta, fueron actores
espectaculares de primera línea, como Roberto de las Carreras.
LA VIDA DE BOHEMIA: CENÁCULOS Y CAFÉS –
Los poetas y creadores del 900 se reúnen en cenáculos. Esos cenáculos
reconocen la presencia de una fuerte personalidad central, que ejerce atracción
sobre otras.
El
primero de esos cenáculos es el Consistorio
del Gay Saber, reunido en torno a la personalidad fascinante del joven
Horacio Quiroga. Cuando el grupo de la Revista de Salto se instala a seguir
estudios universitarios en Montevideo, se crea el Consistorio (1900) al que le pone nombre Federico Ferrando.
Allí
se leen poemas, de ellos o de terceros. Se escribe en español, francés y provenzal.
Se fabrican versos decadentes y se experimenta sobre métrica. El afán de
innovación literaria y de originalidad personal convierten el Consistorio en un mar de
extravagancia, tanto en las actitudes personales como en las experimentaciones
poéticas. De ellas queda constancia en el Archivo del Consistorio del Gay Saber, que contiene copia mecanografiada
por Horacio Quiroga de la prosa y poemas de los consistoriales.
Luego
de matar a su amigo Ferrando, Quiroga, desesperado por el hecho, emigra a
Buenos Aires. El Consistorio,
sin Quiroga, muere.
A principios de 1903, en un altillo con vistas al mar y a las azoteas y claraboyas circundantes de un Montevideo ediliciamente muy chato, Julio Herrera y Reissig funda la Torre de los Panoramas.
No todo era allí poesía y lecturas. También había mate, tabaco, guitarra y naipes. El cenáculo funciona de día, porque no hay instalación de luz en la Torre; suele haber alguna que otra tertulia en las noches claras.
A la Torre asisten poetas y escritores locales, a quienes Herrera lee sus propios poemas, alabando sin medida los que ellos le leen, y acuden también visitantes extranjeros.
Aunque con menos exclusivismo, los grupos literarios se reunían asimismo en los cafés. Inauguran el Café Literario, derivación de los existentes en París, Madrid y Buenos Aires.
Fue famoso el Polo Bamba, en una esquina de la Plaza Independencia, donde las conversaciones giraban en torno a temas literarios, sociales y políticos. Iban allí Florencio Sánchez, Frugoni y Ernesto Herrera. Muy cerca de allí estaba el Café Moka, que contó con la asidua presencia de Roberto de las Carreras. En el Café Sarandi solía reunirse el grupo del Consistorio del Gay Saber.
EL DANDY DEL 900 – Se caracteriza por el rebuscamiento en el vestir, corbatas, sombreros, chalecos de extravagante fantasía; por el deseo de sensaciones, cuanto más raras y culpables mejor; la soberbia, por la superioridad, por la insolencia, por el desdén hacia el medio y la audacia como manera de provocarlo y escandalizarlo, despertándolo de su pequeñez; por el culto del coraje, por la proclamación orgullosa del vicio real o supuesto; por la egolatría.
El dandysmo es un desafío porque el dandy es un retador, un provocador: quiere convertirse él mismo en el personaje de su literatura, en el protagonista de su propia aventura vital.
LAS
REVISTAS LITERARIAS – Como en el
caso de los cenáculos, cada una importó por la personalidad central que tuviera
a su frente.
La
más trascendente fue la
Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales
(1895-97), y fue dirigida por Rodó. Publica sesenta números hasta que cierra,
ahogada por la indiferencia del medio.
La Revista de Salto
fue editada en la ciudad litoral, entre 1899 y 1900, por Quiroga. Se publican
allí versos y prosas perecederos del que sería luego gran narrador. La revista
cesa al marcharse Quiroga a París.
La Revista editó trece
números entre agosto de 1899 y julio de 1900, y fue dirigida por Herrera y
Reissig.
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| Sello emitido el 22 de junio de 2000 |
En lírica: Delmira Agustini, Julio Herrera y Reissig y María Eugenia Vaz Ferreira.
En dramática: Florencio Sánchez y Ernesto Herrera.
En ensayo: Carlos Vaz Ferreira, Carlos Reyles y José Enrique Rodó.

