Desde la Independencia hasta
1850 aproximadamente, las representaciones estaban a cargo de grupos europeos. Actores,
autores y, por supuesto, temas, eran de origen extranjero.
Arribamos a 1880, casi en el siglo XX,
careciendo de autores y actores capaces de crear una dramaturgia nacional; los
pocos intentos de solitarios aficionados no alcanzan para crear una sólida
línea teatral de caracteres propios. Lo representado nada tiene que ver (en
temas, situaciones y hasta lenguaje) con nuestro público; ese teatro,
esencialmente culto, impide la creación de una masa de espectadores que dé
sustento a una verdadera dramaturgia nacional. Lo significativo es que la
dramaturgia rioplatense no surgirá en los selectos recintos de Montevideo y
Buenos Aires; el esperado teatro nacional ha de nacer en medio de las precarias
representaciones que se realizaban en los circos de los arrabales
bonaerenses.
JUAN MOREIRA
Hacia 1884, José Podestá escenificaba un
folletín que se venía publicando desde hacía cierto tiempo con enorme apoyo
popular. El autor se llamaba Eduardo Gutiérrez y el novelón historiaba la vida
y andanzas del matrero Juan Moreira, enfrentado permanentemente a la justicia. El
tema era atractivo y durante dos años se lo representa en forma de pantomima,
de pueblo en pueblo, por toda la Argentina. En 1886 se le introdujo un dialogado
básico (la obra teatral se representaba totalmente muda) que enriquecía y ampliaba
los alcances del drama. El éxito fue total.
El escenario habitual de las representaciones
era la propia pista del circo; allí, en medio de corderos que se asaban, perros
y hasta caballos que entraban y salían con vigorosos galopes, los actores
representaban la lucha del protagonista frente a la justicia. El escenario ya
no será de estilo europeo: los objetos que lo pueblan están íntimamente vinculados
con las tareas de todos los días de aquellos espectadores de provincias. El
público podía, ahora sí, identificarse plenamente con el tema, con la situación
que vivían los personajes. La injusticia permanente, el uso arbitrario de la
ley, era moneda corriente en aquella coyuntural etapa de fines de siglo en
nuestros campos. Pero, además, todo era dicho con un lenguaje propio, el de
todos los días. El público encontraba, ahora sí, un teatro en el cual podía
verse reflejado.
REALISMO Y NATURALISMO
Siempre que se habla del teatro de Florencio
Sánchez, se señala la decisiva influencia que sobre su obra tuvieron los
movimientos realista y naturalista de finales del siglo XIX. Por eso
consideramos importante caracterizar brevemente a cada uno de estos movimientos.
EL REALISMO: Es una corriente literaria de origen europeo de la segunda mitad del
siglo XIX (1850-1880). Surgió como reacción contra el excesivo subjetivismo del
movimiento romántico y se manifestó esencialmente en la prosa (en narrativa y
teatro).
El Realismo proclamó la necesidad de la verdad
en el arte y consideró a la obra literaria como el vehículo trasmisor de esa
verdad.
Las características más importantes del
movimiento realista son:
1)
La
búsqueda de la mayor objetividad posible en la obra literaria.
2)
La
necesidad de describir la realidad externa con el mayor detallismo posible y de
un modo impersonal.
3)
La
utilización del método científico (observación detallada, análisis,
investigación de la realidad) para lograr en la obra un fiel reflejo del mundo
circundante.
4)
La
creación de personajes cuyos caracteres están analizados psicológicamente con
la mayor precisión posible.
5)
El atento
análisis de las costumbres y la cuidadosa reconstrucción del ámbito donde se
desarrolla la acción.
En el teatro de Florencio Sánchez podemos
encontrar la influencia de este movimiento en el detallismo con el que
reconstruye los ambientes sociales en los que se desenvuelven sus dramas. Los
personajes y las situaciones están plenamente insertos en su realidad. El
teatro de Sánchez es un teatro de testimonio y de denuncia, y por lo tanto se
integra en la nueva sensibilidad realista.
EL NATURALISMO: Es una corriente literaria que pretendió
superar al Realismo aspirando a fundar la obra de arte en verdades científicas.
A raíz de los adelantos técnicos de la época, el Naturalismo propone una
literatura que tenga los objetivos y los métodos propios de la ciencia.
Como caracteres esenciales del movimiento
señalaremos:
1)
Excesivo
detallismo en las descripciones.
2)
Aplicación
a la narrativa del método experimental científico.
3)
Presentación
en la obra de los males humanos y sociales.
4)
Pesimismo
en lo que respecta a la solución de esos males.
La influencia de este movimiento en Sánchez se
aprecia en la búsqueda de la raíz misma del acontecer humano y en el descarte
de todo lo que sea convencionalismo y artificiosidad.
Cabe
agregar también que, según la opinión de Sánchez, el teatro debe servir para
cambiar al mundo y esa alta finalidad tiene que ver con el hecho de testimoniar
realidades para generar transformaciones.

