LOS DESTERRADOS



Este libro fue publicado en 1926. La crítica lo considera el libro más logrado y orgánico de Quiroga, la culminación de su trayectoria narrativa. Recoge ocho ficciones que aparecieron en diarios o revistas entre 1919 y 1925.
El índice nos muestra dos partes:
I) El ambiente, con un relato extenso, “El regreso de Anaconda”.
II) Los tipos, con siete de menor extensión: “Los desterrados”, “Van-Houten”, “Tacuara-Mansión”, “El hombre muerto”, “El techo de incienso”, “La cámara obscura”, y “Los destiladores de naranja”.
Estas dos partes revelan una concepción del relato bien distinta, aunque las une un elemento importante: el paisaje.
La crítica ha ponderado la unidad de este libro. No es una simple colección de cuentos, sino un “contario”: un conjunto de cuentos que se relacionan y se complementan. Esta unidad es tanto externa como interna.
La primera está dada por el ámbito en que se desarrollan todas las historias: Misiones. En la segunda parte, Los tipos, la unidad espacial se restringe y circunscribe: San Ignacio en todas las piezas, y más aún: el bar frente a las ruinas, en varias de ellas. Un segundo rasgo de unidad: el tiempo de la acción. Los personajes son coetáneos, conviven en una misma época. Hay otro elemento común: casi todos los personajes son seres marginales, fracasados, abúlicos, maniáticos.
La unidad interna surge de la composición. Por ejemplo: predomina el punto de vista del narrador testigo, que refiere lo que ha visto u oído con fidelidad de crónica más que de ficción literaria. Y otro rasgo más que refuerza esta unidad interna: personajes de una historia reaparecen en otras con papeles de mayor o menor jerarquía; es decir, una historia se remite a otra, y viceversa, lo que otorga fuerte trabazón a los elementos de ese mundo.